La Mota del Cuervo

La fortuna de Ravenloft

Sexta sesión

Tras dejar al padre Donavich con su pena, los héroes decidieron prepararse para salir de la villa de Barovia, en dirección a Vallaki. Además, harían una parada en el estanque Tser, para hablar con la vistani que podría leer su fortuna. Sin embargo, como no sabían cuándo podrían volver a la villa, decidieron investigar un poco más antes de partir.

La villa, a diferencia de la noche anterior, mostraba algo más de vida en sus calles. Sin embargo, pronto se dieron cuenta de que casi todos los barovianos parecían desganados, como sin vida. Incluso sus ropas eran grises, y sus caras poco expresivas. Sólo unos pocos parecían tener algo de energía en sus interior, sonreían o incluso reían. Estos vestían ropas de colores algo más vivos, y eran un soplo fresco en la pesadumbre de la villa.

La primera parada fueron las Mercaderías de Bildrath. A la puerta, se encontraron con un baroviano que cargaba un carromato, haciendo reparto a domicilio. Yusuf le acompañó, dándose cuenta de que no todas las casas abrían la puerta para recoger los paquetes… y en algunas se acumulaban entregas de varios días. El repartir dijo al Clérigo que la gente solía dejar pagadas sus compras por anticipado -cosas de Bildrath- y que por eso seguía repartiendo aunque en algunas viviendas no recogieran los paquetes.

En la tienda de Bildrath, el resto de compañeros pudo conocer a este peculiar comerciante. Adso se acercó, deseoso de comerciar… pero sus precios de venta eran casi 10 veces mayores de lo habitual, lo que echó para atrás al Paladín. También pudieron ver a su mozo de almacén: Parriwimple. Un hombre de un tamaño formidable y fuerza pareja, aunque no parecía demasiado espabilado.

Indignados, se dirigían a la casa del Burgomaestre cuando escucharon llantos y sollozos procedentes de una casa. Se trataba de Mary, La Loca. La mujer se encontraba arrodillada en el suelo de uno de los dormitorios de su casa, aferrada a una deforme muñeca de trapo. Cuando consiguieron calmarla, les contó que su hija Gertruda había desaparecido hacía una semana, y se temía lo peor. En la muñeca, encontraron una etiqueta con la siguiente inscripción: "¡Si no es un Blinsky, no es divertido!"

Partieron hacia el estanque Tser, cruzando el puente sobre el río Ivlis y acompañados de Ismark e Ireena. Al poco, llegaron a una encrucijada en la que se levantaba una horca en un cadalso. Había algunas tumbas sin nombre un poco más atrás, y algunas horcas más simples. Parecía que llevase mucho tiempo sin usarse, aunque Ismark recordaba haber escuchado contar historias sobre los ajusticiados. Cerca de las tumbas, hallaron un cuaderno vacío, que Yusuf guardó.

Cuando se disponían a partir hacía el estanque, todos escucharon un crujir. Al volverse hacia la horca, vieron un cuerpo irreconocible colgando de ella, donde antes no había nada… Irreconocible, salvo para Guideon, que vió su propio rostro en el del ahorcado, y decidió que era mejor salir de allí cuanto antes. Sus compañeros decidieron prender fuego al cadalso, y continuaron.

Cuando llegaron al estanque, decidieron que no se acercarían todos y algunos se quedarían atrás con Ireena e Ismark. Pero los vistani estaba sobradamente advertidos de su presencia. Tuvieron que esperar a  que Madame Eva pudiera atenderles. Mientras atardecía y llegaba la noche, compartieron comida y bebida con los vistani, que relataban distintas historias. Una de ellas rememoraba este acontecimiento:

"Un poderoso mago llegó a estas tierras hará un año. Lo recuerdo como si fuera ayer… Estaba exactamente donde vosotros estáis ahora. Un hombre muy carismático, sin duda.  Pensó que podía unir a los campesinos de Barovia en contra del demonio Strahd. Les incitó con ideas revolucionarias, y les condujo en masa hacia el Castillo de Ravenloft. Cuando el vampiro apareció,  el ejército de campesinos huyó aterrorizado. Sólo unos pocos aguantaron el tipo, y no se ha vuelto a saber nada de ellos. 

El mago y el vampiro intercambiaron hechizos, y la batalla se movió desde los patios de Ravenloft hasta el precipicio. Ví la batalla con mis propios ojos. Los truenos sacudían la montaña, y las rocas se desplomaron con el mago. Pero aguantó gracias a su magia. Relámpagos le sacudieron desde el cielo, y aún así aguantó. Pero cuando el demonio Strahd se abalanzó sobre él, su magia no pudi salvarle. Le ví precipitarse más de 300 metros hasta su muerte. Descendí hasta el río en busca de su cuerpo, para ver si hallaba algo de valor… ya sabéis. Pero el río Ivlis se lo había tragado."

Tras las historias, los héroes pudieron encontrarse con Madame Eva. Ella les propuso leer su futuro en las cartas de la Tarokka, y así hallarían pistas sobre su enfrentamiento con Strahd.

Cinco cartas sellarían su destino:

""

Tras las respuestas, Madame Eva les dió una advertencia: Si queréis ver lo que pasa con los que se enfrentan a Strahd, visitad el cementerio de la villa de Barovia a medianoche. Pasaron esa noche en el campamento vistani, y a la mañana siguiente volvieron a la villa.

En los bosques, San y Guideon escucharon el trote de un caballo. En la bruma, se desdibujaba la figura de un jinete decapitado. Arrojó algo al suelo, y partió al galope. El objeto era un camafeo plateado, con un rostro irreconocible por culpa de los rayones.

Una vez alcanceron de nuevo la encrucijada de la horca, comprobaron que había ardido completamente. No tuvieron más percances hasta llegar a la villa, con tiempo de sobra hasta la medianoche. Por ello, Yusuf y Adso propusieron visitar algunas de las casas vacías, en busca de sus habitantes o las criaturas no-muertas que pudiera haber en ellas. Tomaron una de las calles, y fueron llamando a las puertas en las que se acumulaban paquetes de varios días…

No tuvieron suerte más que en la última de la calle, que al abrirse dejó salir un horrible hedor a putrefacción. En su interior, encontraron 3 zombies, que pudieron haber sido los habitantes de esa casa. Estos seres, lentos pero incansables, no se detenían ni cuando sus extremidades eran cercenadas. Pero finalmente acabaron con ellos.

Se dedicaron a registrar la casa, cuando Guideon escuchó el sonido de un carruaje mientras el sol parecía oscurecerse un poco más de lo habitual. Los compañeros se prepararon, creyendo que el repartidor venía hacia la casa, y no querían ser descubiertos allí. Sin embargo, la puerta se abrió y una figura les habló desde el umbral:

"Mi nombre es Strahd von Zarovich. Bienvenidos a mis tierras…"

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