La Mota del Cuervo

Las Puertas de Barovia

Séptima sesión

Strahd von Zarovich se presentó ante vosotros, de forma pacífica. Os dió la bienvenida a sus tierras y solamente reiteró dos aspectos:

  • Estáis invitados a cenar en su castillo, donde podréis hablar los temas que os preocupan de forma mucho más civilizada.
  • Ireena es suya, y si hacéis algo en su contra… responderá.

El señor vampiro hizo gala de una gran celeridad, y sin duda parece un rival más que formidable. Parece que, de momento, no quiere haceros ningún daño… de forma directa.

Más tarde fuísteis a presenciar lo que Madame Eva os había indicado: Todos los días, justo a la medianoche, los espíritus de aquellos aventureros que han intentado acabar con Strahd se levantan en el cementerio de la villa de Barovia. Sus almas en pena recorren el camino hacia el castillo, y allí se pierden. Así, noche tras noche… durante toda la eternidad.

Al siguiente amanecer, os pusísteis rumbo a Vallaki. Recorrísteis el mismo camino que el trazado durante el viaje al campamento vistani en el estanque Tser, que ahora estaba despoblado de carretas. Allí acampásteis.

En el camino, hallásteis el cuerpo de un viajero muerto… Salvo que al examinarlo, su aspecto era exactamente igual al de vuestra compañera Nell.

Poco despues, llegásteis a una encrucijada, donde uno de los caminos que se abría llevada directamente al Castillo de Ravenloft. Ahí aguardaba un carruaje negro, tirado por dos caballos negros de ojos rojizos… esperando a que aceptéis la invitación del señor. Tras examinarlo, decidísteis pasar de largo.

Poco más adelante, fuísteis emboscados por una manada de lobos. Dísteis cuenta no sin dificultad de algunos de ellos… hasta que el espécimen más grande aulló declarando la retirada. Os miró, como si se pudiera comunicar con vosotros, y hasta juraríais que os había guiñado un ojo.

Al final del día, habíais llegado a las puertas de Barovia. Unas monumentales puertas que, antaño, daban la bienvenida a estas tierras.  La estructura, ahora semiderruida, era guardada por dos imponentes estatuas… de las que ya quedaba poco. Examinando las ruinas, encontrásteis un bulto con algunas ropas… y una pluma de cuervo. ¿Acaso pertenecen a uno de esos cuervos que no dejan de seguiros… y vigilaros? Además, las puertas se abrían por si mismas, simplemente con acercaros. Como si a alguien no le importase vuestras idas y venidas por estos lares. Decidísteis acampar allí esa noche.

Al día siguiente continuásteis rumbo a Vallaki, siguiendo la vieja carretera de Svalich. Hallásteis la senda que lleva al viejo molino… donde os han contado que habitan las brujas.
Al norte, pudísteis atisbar el Lago Zarovich, y a lo lejos las montañas de Baratok, cuyos ríos alimentan el lago de aguas oscuras. Y poco después, se observaba la empalizada que protege el pueblo de Vallaki.

Aún de día, los guardias no os pusieron impedimentos para atravesar las puertas. Ya en la calle principal, hallásteis un descampado donde se reunían algunas caravanas y carromatos. Uno de ellos atrajo vuestra atención: Un carromato de feria de brillantes colores, como el que os había indicado Madame Eva en su lectura de las cartas.

No había nadie cerca. Unas letras en el carro rezaban: "Carnaval de las Maravillas de Rictavio". Al examinar el carromato, estaba cerrado con un fuerte candado. También vísteis manchas de sangre seca, y una inscripción: "¡Os traigo de la Sombra a la Luz!"

Algo se empezó a revolver en el interior del carromato. Oísteis un gruñido y alguna criatura, pesada, se lanzo contra un lateral. El carromato se agitó, y hasta pudísteis escuchar el crujir de las maderas. ¿Quién, o qué había en su interior?

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