La Mota del Cuervo

Un tigre suelto por Vallaki

Novena sesión

Los héroes decidieron dividirse a la mañana siguiente, para realizar algunas tareas. Guideon y Tank se encargarían de pertrecharse para el próximo viaje hacia las Puertas Ambarinas. San dedicaría tiempo a vincular un nuevo compañero animal y Adso, junto con Ismark e Ireena, visitarían a Lady Fiona Watcher.

Sin embargo, San decidió acompañar a Rictavio durante una parte de la mañana. Vió qué el bardo se llevaba un par de raciones de comida (para desayunar con Blinsky), algo de carne cruda (para alimentar al tigre de dientes de sable) y una manzana (posiblemente para Piccolo).  Pudo ver el muñeco que Blinksy había hecho, imitando a Izek Strazni… pero no observó nada extraño, así que volvió a su tarea original.

Tank y Guideon visitaron la plaza de Vallaki, aún decorada tras el último festival. Los carteles seguían anunciando la festividad, mientras las gentes del pueblo acudían a la fuente de la plaza para beber agua. En la parte norte de la plaza, un grupo de hombres, mujeres y niños eran expuestos con cabezas de asno, a modo de humillación. Supieron que eran considerados criminales. Estaban en un estado lamentable, tras días sin comer ni beber. Al poco, llegaron a la plaza dos guardias junto con el capitán de la guardia de Vallaki: el temible Izek Strazni. El capitán portaba a su espalda una enorme hacha, y ordenaba a los guardias que fueran colocando los carteles para el nuevo festival, que tendría lugar en dos días. La asistencia era obligatoria. Los carteles siempre finalizan con la frase "¡Todo va bien!" y estaban firmados por "El Barón", en referencia al burgomaestre Vargas Vallakovich.

Una vez que Ismark hubo redactado una misiva para Lady Fiona, Adso y los hermanos salieron de la posada para entregarla. Al pasar por la plaza principal, se encontraron con sus compañeros, pero el Paladín centró su atención en los que estaban siendo expuestos en la plaza. Cogió su cantimplora y dió de beber a una de las mujeres… Cuando fue advertido por Izek. Adso hizo caso omiso a la advertencia, y continuó dando de beber a la cautiva, hasta que se hubo saciado, exigiendo saber qué habían hecho esos hombres, mujeres y niños. En palabras de Izek, algunos habían cometido desacato al ignorar la obligatoriedad de los festivales conovocados por el Barón. Izek envió a uno de los guardias en busca de refuerzos, y ordenó al otro que confiscase la cantimplora (ya vacía) de Adso. Guideon y Tank se dieron cuenta de que Izek había detectado a Ireena, y su rostro había cambiado durante un leve instante. Una vez más, ordenó a los héroes que soltasen sus armas, pues iban a ser arrestados.

Guideon intentó usar su magia para encantar al capitán, pero su voluntad era fuerte. Mientras tanto, Adso se preparaba para marchar, haciendo caso omiso a Izek. Tank, anticipando que la situación podía empeorar, tomaba posiciones… Izek lanzó un primer ataque a Adso, conjurando un proyectil flamígero desde su brazo monstruoso, que impactó en el Paladín para, acto seguido, empuñar su hacha. Guideon sacó su arco y comenzó a disparar contra el capitán, mientras Adso tomaba distancia con el guardia de la ciudad, para qué Ismark saliese a su encuentro. Tank atacó al guardia. Los impactos de enano y semielfo no parecían contener a Strazni, que maneja su hacha con una fuerza y furia sobrehumanas. Cuando éste salió a su encuentro, tumbó al Paladín con una serie de poderosos golpes. Después, volvió a conjurar fuego amenazando con abrasar a Adso si los demás no deponían sus armas y le acompañaban como prisioneros…

Tank se interpuso entre el capitán y Adso… pero Izek fue más rápido. Impactó con su proyectil de fuego sobre el Paladín inconsciente en el suelo, que consiguió aguantar el tipo. Mientras Guideon seguía apoyando al enano, éste trataba de aguantar las embestidas de Izek… que finalmente logró derrotarle. Con sus compañeros heridos de gravedad y el resto de la guardia rodeando la plaza, Guideon, Ismark e Ireena no tuvieron más remedio que entregarse.

Los cinco fueron llevados hacia la casa del burgomaestre, mas Tank, al no ser atendido de sus heridas, murió antes de llegar a la mansión. Allí, todos fueron arrastrados hasta una salita de audiencias, excepto Ireena… que fue tomada cautiva y separada del grupo, por parte del mismo Izek Strazni. El resto, esperó en la salita, escoltados por los guardias, hasta la llegada del Barón.

Mientras tanto, San se enteró en la posada de Las Aguas Azules del incidente protagonizado por su compañeros. Acudió a la mansión de Lady Fiona Watcher en busca de su apoyo, pero sus sirvientes no le dejaron ni pasar el umbral de la puerta, debido a su aspecto y nulas habilidades sociales con seres humanos. Descartada dicha posibilidad, San exploró los alrededores de la mansión de Vargas Vallakovich. Curiosamente, los cuervos (omnipresentes durante todas vuestras andanzas) parecían más atentos que de costumbre a las peripecias de vuestra compañera.

El Barón, acompañado de dos mastines, interrogó a los héroes capturados por Izek Strazni, creyendo que son espías de Strahd von Zarovich y, sin salir de esa idea preconcebida, requisó el Símbolo Sagrado de Ravenkind que portaba Adso. Ni tan siquiera la presencia de Ismark, a quién consideró que se había aliado con el vampiro, calmó al burgomaestre. Después, ordenó a los guardias que arrojasen el cuerpo de Tank a las afueras, para que fuese devorado por los lobos, y que Guideon e Ismark fuesen exiliados. Adso, como principal cabecilla del incidente, sería expuesto en la plaza de Vallaki con una cabeza de asno. Los guardias despojaron a los compañeros de todas sus pertenencias, salvo las ropas, y se hizo con ellos lo que había ordenado el Barón. San pudo observar desde el exterior lo que estaba ocurriendo con sus compañeros… y volvió a la posada para recoger sus cosas y salir al encuentro de Guideon e Ismark.

Pero nada más salir de la posada, dos cuervos comenzaron a graznar a San. Cuando hubieron llamado su atención, volaron a otro tejado y siguieron graznando… y así hasta que guiaron a San hasta un callejón muy poco transitado. Si San intentaba irse, los cuervos graznaban sin parar hasta que ella se detenía. La chica escuchó unos pasos que se acercaban, y se preparó para lo peor… pero quién estuviera viniendo fue alertado por los cuervos, y no se dejó ver hasta que San hubo bajado el arco. En ese momento, apareció Urwin Martikov, el posadero, con un saco en el que se encontraban todas las pertenencias de nuestros héroes.

Urwin desveló que tanto él, como su esposa e hijos eran cambiantes… hombres-cuervo. De hecho, Brom y Bray eran los dos cuervos que estaban guiando a San. Pese a lo que pudieran creer, ellos querían ayudar a derrotar a Strahd, pero no podían mostrarse tan alegremente. Aunque la situación ahora lo requería. Ellos, y otros como ellos, les estaban observando desde que llegaron a Barovia.

Trazaron un plan: San soltaría al tigre de dientes de sable que Rictavio mantenía encerrado en su carromato, justo durante el Festival del Sol Brillante, creando una distracción para Izek y los guardias. Entonces podría liberar a Adso y huir de Vallaki. Mientras, Ismark y Guideon entraría en la mansión de Vargas Vallakovich para liberar a Ireena. El festival comenzaría dentro de dos días, al alba.

San hizo surgir algunas de sus bayas mágicas, y pidió a los cuervos que se las diesen de comer a los cautivos en la plaza, mientras nadie mirase. Sin embargo, Adso se negó a tomarlas la primera noche… Si bien, al día siguiente, después de que San le indicase que los cuervos eran amigos, pudo alimentarse.

Esa medianoche, en el cementerio de la villa de Barovia, el espectro verdoso de un soldado enano se levantó junto al resto de aventureros fallecidos. Y comenzó su particular procesión hacia el Castillo de Ravenloft.

También ese día, a falta de unas horas para el festival, los compañeros estaban en su campamento a las afueras de Vallaki cuando escucharon que Rictavio se acercaba hablando con alguien… Pero en cuanto se encontraron, Rictavio enmudeció. Solamente iba acompañado de una yegua. Al ser preguntado, dijo que estaba hablando solo. Pero San decidió seguirle, hasta que en una explanada, pudo observar cómo la yegua hablaba con Rictavio… a quién se dirigió como Rudolph. Quizás, el primero era solamente un nombre artístico. Rictavio/Rudolph dijo a la yegua que se callase, que podrían estar siendo espiados, y le dió una manzana. San volvió a Vallaki, y fue colocando pedazos de carne cruda en distintos sitios, para intentar guiar al tigre hacia la plaza cuando llegase el momento de soltarle.

A la mañana siguiente, cuando Rictavio salió de la posada para llevar la comida, San se coló en su habitación gracias a que Urwin le había dejado una copia de las llaves. Allí encontró un diario con tapas de cuero rojo, en el que Rictavio narraba sus conversaciones con una tal Drusilla (¿podría ser su yegua?) y citaba alguna de las rarezas que se había encontrado en sus viajes, dignas de cualquier circo ambulante. San cogió la llave del carromato, y fue a soltar al tigre… Pero éste, en lugar de seguir el camino previsto, empezó a olisquear y a deambular por la ciudad.

En la plaza del pueblo, el festival había dado comienzo, con un paripé de desfile protagonizado por niños y adultos sin demasiada felicidad en sus rostros, y todo Vallaki congregado a su alrededor. Allí estaban, a lomos de un caballo, el burgomaestre y su esposa. Después de prender una enorme bola de paja, y proclamar su famoso: "¡Todo va bien!", se escuchó la risa de un miembro de la milicia local, que fue apresado por desacato y atado al caballo del burgomaestre. Al poco, un niño comenzó a gritar: "¡Tigre! ¡Un tigre!"…

La gente corrió despavorida, y el burgomaestre junto con Izek y la guardia corrieron en busca de la bestia, que se alejó de la plaza debido al gentío. Aprovechando que la plaza se había quedado desierta, San liberó a Adso y al resto de prisioneros, que tras agradecérselo, corrieron a esconderse de la furia del burgomaestre y su letal capitán.

Mientras tanto, al escuchar los gritos de terror, Ismark y Guideon supieron que el tigre de dientes de sable estaba suelto, y escalaron la empalizada de Vallaki, rumbo a la mansión del burgomaestre.

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sanyudo sanyudo

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